CRIANZA · MATERNIDAD Y SOCIEDAD

¿Crecer sin hermanos cambia la forma de socializar?

Mónica Guitart · Matrona

Lo que sabemos y las preguntas que se abren en Chile

Chile está experimentando una disminución muy importante de la natalidad.

Según las cifras provisionales del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en 2025 la tasa global de fecundidad llegó a 0,99 hijos por mujer, por primera vez bajo un hijo por mujer en promedio. Entre 1993 y 2025, además, el número de nacimientos disminuyó un 46,9%.

Estas cifras hablan de demografía, pero también pueden llevarnos a formular preguntas sobre la vida cotidiana.

Una de ellas es especialmente interesante:

¿Qué impacto social podría tener que más niños crezcan en familias pequeñas y, en algunos casos, sin hermanos?

Y, más específicamente:

¿Puede cambiar la forma o los espacios en que esos niños aprenden a relacionarse con otros?

La pregunta merece ser investigada, pero también requiere prudencia.

La evidencia disponible no permite afirmar que crecer sin hermanos provoque por sí mismo dificultades de socialización.

Por eso, en lugar de comenzar con una conclusión, revisemos qué sabemos.

¿Qué aporta crecer con hermanos?

Los hermanos constituyen una relación bastante particular.

Conviven durante años y comparten espacios, adultos significativos, juegos, discusiones, tiempos de espera, negociaciones, cooperación y conflictos.

En 2024, Margarita Quesada-Zeljkovic, Ruth Campos y Carmen Nieto, investigadoras de la Universidad Autónoma de Madrid, publicaron en Clinical Child and Family Psychology Review una revisión sistemática centrada en las interacciones sociales tempranas entre hermanos.

La investigación muestra que la relación fraterna constituye un espacio particular de interacción social desde edades tempranas y que esas experiencias pueden relacionarse con distintos aspectos del desarrollo y de las relaciones posteriores del niño. La revisión examinó 713 publicaciones y finalmente incluyó 63 estudios observacionales que cumplían sus criterios.

Este hallazgo resulta especialmente interesante para nuestra pregunta, porque permite reconocer que la convivencia entre hermanos ofrece experiencias sociales propias de ese vínculo.

Pero es importante interpretar correctamente lo que esto significa:

que los hermanos proporcionen determinadas experiencias sociales no implica que crecer sin hermanos determine una desventaja en el desarrollo o en la socialización.

Entonces, ¿qué sabemos de los hijos únicos?

Durante décadas han existido estereotipos acerca de los hijos únicos: que les cuesta compartir, que son menos sociables, más dependientes de los adultos o que pueden sentirse más solos.

La investigación no permite transformar esos estereotipos en hechos.

En 2026, Brittany Stahnke, Cheyenne Williams y Kaylin Meier, de East Tennessee State University, Estados Unidos, publicaron en The Family Journal una revisión sistemática sobre los resultados observados en hijos únicos en Estados Unidos durante las últimas cuatro décadas.

Después de aplicar sus criterios metodológicos, las autoras encontraron solamente 12 investigaciones que podían incluirse en la revisión.

El análisis no mostró un patrón general de consecuencias negativas atribuibles a ser hijo único y encontró incluso resultados favorables en algunos ámbitos. Las propias investigadoras, sin embargo, advierten que la evidencia disponible sigue siendo limitada y que hacen falta más estudios longitudinales y cualitativos.

Por lo tanto, hoy no sería correcto afirmar:

“Los hijos únicos socializan peor”.

Pero tampoco necesitamos concluir que crecer con o sin hermanos sea exactamente la misma experiencia.

La respuesta científica es más matizada.

El contexto importa

Otra investigación interesante proviene del Centre for Longitudinal Studies de University College London (UCL), Reino Unido.

La demógrafa Alice Goisis, junto con Jenny Chanfreau, Vanessa Moulton y George B. Ploubidis, estudió cuatro grandes cohortes británicas de personas nacidas en 1946, 1958, 1970 y 2000–2002.

Esta investigación se centró principalmente en capacidad cognitiva, no en socialización. Por eso no corresponde utilizarla para afirmar cómo se relacionan socialmente los hijos únicos.

Pero aporta una advertencia especialmente importante: al estudiar las diferencias entre hijos únicos y niños con hermanos, las características familiares y socioeconómicas explicaban una parte significativa de los resultados observados.

Esto nos recuerda que ser hijo único describe una circunstancia familiar, pero no permite predecir por sí sola la personalidad, la sociabilidad o el bienestar de un niño.

Si no hay hermanos en casa, ¿dónde ocurre la convivencia con otros niños?

Un niño sin hermanos puede desarrollar relaciones profundas con amigos, primos, compañeros, vecinos y otros niños significativos.

No existe evidencia que permita suponer lo contrario.

Pero sí existe una diferencia en la experiencia cotidiana.

Cuando hay hermanos, una parte de la convivencia con otros niños ocurre dentro del hogar.

Cuando no los hay, esa convivencia se produce en otros espacios.

Y ahí aparece quizás la pregunta social más interesante:

¿Qué oportunidades tienen los niños para encontrarse regularmente con otros niños fuera de la sala de clases?

¿Tienen amigos cerca de sus casas?

¿Pueden encontrarse después del colegio?

¿Hay plazas y espacios seguros donde jugar?

¿Participan en talleres, deportes o actividades culturales?

¿Los compañeros viven relativamente cerca?

¿O cada encuentro depende de que un adulto pueda organizar horarios, transporte y desplazamientos?

Para estas preguntas todavía no contamos con evidencia chilena suficiente para sacar conclusiones generales.

No sabemos si la disminución de la natalidad está reduciendo las oportunidades de socialización espontánea de los niños en Chile.

Por ahora, esa posible relación debe permanecer como una pregunta que merece investigación, no como un hecho demostrado.

¿Y qué ocurre después del colegio?

Para muchas familias existe un período entre el término de la jornada escolar y el regreso de los adultos desde sus trabajos.

Los programas extraescolares o after-school han sido estudiados como espacios que pueden combinar cuidado, actividades educativas, juego y convivencia entre niños.

En 2025, Lisanne Jilink, Paul Leseman, Pauline Slot y Mirjam Gevers, investigadores vinculados a Utrecht University, Países Bajos, publicaron una síntesis de revisiones sistemáticas sobre programas extraescolares y aprendizaje social y emocional en niños de 4 a 12 años.

La investigación reunió diez revisiones sistemáticas y metaanálisis. Siete de ellas, correspondientes a programas extraescolares generales, encontraron efectos pequeños pero positivos en dimensiones como conducta prosocial, autopercepción e identidad. Los resultados también mostraron que la calidad, duración, diseño y correcta implementación de los programas son determinantes.

Es decir:

no cualquier programa extraescolar produce automáticamente beneficios.

Importan las actividades que se ofrecen, su continuidad, las relaciones entre pares y adultos y la preparación de las personas responsables de esos espacios.

En Chile ya existe una experiencia interesante

Nuestro país cuenta con un antecedente que vale la pena observar.

El Programa 4 a 7 del Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG) proporciona espacios de cuidado integral y seguro para niñas, niños y adolescentes de 6 a 13 años mientras las mujeres responsables de su cuidado trabajan, estudian, se capacitan o buscan empleo.

De marzo a diciembre funciona después de la jornada escolar, entre las 16:00 y las 19:00 horas. En 2026 se proyectó su ejecución en 209 comunas y 351 establecimientos educacionales, mediante convenios con más de 200 municipalidades.

Su objetivo principal es fortalecer la autonomía económica de las mujeres mediante una alternativa de cuidado.

No fue creado para hijos únicos ni para resolver problemas de socialización, y sería incorrecto atribuirle ese propósito.

Pero su existencia demuestra que Chile ya cuenta con experiencia en la creación de espacios comunitarios protegidos después de la jornada escolar.

¿Podrían municipios y regiones mirar también esta dimensión?

Tal vez una sociedad con cada vez menos nacimientos debería comenzar a formular nuevas preguntas.

No porque los hijos únicos constituyan un grupo de riesgo.

La investigación no permite afirmarlo.

Sino porque las oportunidades de encuentro con otros niños son valiosas para cualquier infancia.

Municipalidades y gobiernos regionales podrían estudiar, por ejemplo:

  • ¿En qué territorios existen pocos espacios extraescolares gratuitos o accesibles?
  • ¿Dónde permanecen los niños después del colegio mientras sus padres o cuidadores trabajan?
  • ¿Qué actividades deportivas, culturales, científicas y recreativas están disponibles?
  • ¿A qué distancia se encuentran?
  • ¿Existen lugares donde niños de diferentes edades puedan jugar, aprender y compartir?
  • ¿Qué opinan los propios niños sobre las oportunidades que tienen para encontrarse con sus pares?

Antes de crear nuevas políticas sería necesario estudiar cada territorio, escuchar a las familias y también a las propias niñas y niños.

Pero los programas extraescolares de calidad podrían ser estudiados desde una perspectiva más amplia, considerando simultáneamente funciones de protección, cuidado, aprendizaje, actividad física, juego y convivencia entre pares.

No se trata de compensar la ausencia de hermanos

Esta distinción es fundamental.

Un niño sin hermanos no tiene, por ese solo hecho, una carencia que deba ser corregida.

Tener hermanos tampoco garantiza una mejor socialización.

Las relaciones entre hermanos pueden ofrecer experiencias muy valiosas, pero cada infancia se desarrolla dentro de un contexto familiar y social mucho más amplio.

La pregunta que abre la disminución de la natalidad puede ser entonces diferente.

No:

¿Qué problema tendrán los niños que crezcan sin hermanos?

Sino:

Si las familias son cada vez más pequeñas, ¿qué espacios ofreceremos como sociedad para que los niños puedan encontrarse, jugar, aprender y convivir con otros niños?

Todavía falta investigación, particularmente en Chile, para saber si la disminución de la natalidad está modificando estas experiencias.

Precisamente por eso vale la pena empezar a formular la pregunta.

Porque quizá una de las consecuencias menos visibles de tener cada vez menos nacimientos no se encuentre solamente en las cifras demográficas.

También puede obligarnos a pensar con mayor cuidado cómo serán las comunidades donde crecerán los niños que sí están naciendo.

Fuentes principales

  1. Instituto Nacional de Estadísticas de Chile (INE). Estadísticas Vitales provisionales 2025. https://www.ine.gob.cl/sala-de-prensa/prensa/general/noticia/2026/05/27/estad%C3%ADsticas-vitales-cifras-provisionales-2025-confirman-que-los-nacimientos-en-chile-disminuyeron-un-46-9-en-32-a%C3%B1os
  2. Quesada-Zeljkovic, M.; Campos, R.; Nieto, C. Observation of Early Social Interactions in Sibling Dyads: A Systematic Review. Clinical Child and Family Psychology Review, 2024. Universidad Autónoma de Madrid. https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/38043094/
  3. Stahnke, B.; Williams, C.; Meier, K. A Systematic Review of the Outcomes for U.S. Only Children in the Last 40 Years. The Family Journal, 2026. East Tennessee State University. https://journals.sagepub.com/doi/10.1177/10664807261440838
  4. Goisis, A.; Chanfreau, J.; Moulton, V.; Ploubidis, G. B. Only Children and Cognitive Ability in Childhood: A Cross-Cohort Analysis over 50 Years in the United Kingdom. Population and Development Review, 2023. University College London. https://discovery.ucl.ac.uk/id/eprint/10169531/
  5. Jilink, L.; Leseman, P.; Slot, P.; Gevers, M. The role of after-school programs in supporting social and emotional learning: A synthesis of systematic reviews. International Journal of Educational Research Open, 2025. Utrecht University. https://research-portal.uu.nl/en/publications/the-role-of-after-school-programs-in-supporting-social-and-emotio/
  6. Servicio Nacional de la Mujer y la Equidad de Género (SernamEG). Programa 4 a 7. https://www.sernameg.gob.cl/programa-4-a-7/

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