Baja natalidad en Chile: causas, consecuencias y posibles soluciones
Hay silencios que hablan.
Casas más tranquilas, menos juegos en las plazas, decisiones que se postergan una y otra vez. En Chile cada vez nacen menos niños y, aunque las cifras muestran con claridad esta transformación, quizás lo más importante está en las historias que existen detrás de ellas.
Hoy muchas mujeres y familias se preguntan si es el momento adecuado para tener hijos; si existen las condiciones económicas necesarias; si podrán compatibilizar sus sueños, trabajo, estabilidad emocional y proyecto de vida con la maternidad o la paternidad.
No es solamente una decisión individual. Es una conversación íntima que ocurre dentro de una sociedad que también ha cambiado.
Como matrona, durante décadas he sido testigo de ilusiones, temores, dudas y también de renuncias silenciosas. Por eso quiero invitarte a mirar este fenómeno no solamente desde los números, sino desde las personas y las circunstancias que hoy rodean una de las decisiones más significativas de la vida.
Abramos este espacio para comprender, sin juicios, por qué hoy nacen menos niños en Chile.
Chile: menos de un hijo por mujer
Chile atraviesa un descenso acelerado de la fecundidad.
Las cifras provisionales del Instituto Nacional de Estadísticas muestran que en 2025 nacieron 146.446 niños y niñas. Comparado con 1993, cuando hubo 275.916 nacimientos, significa una reducción de 46,9% en 32 años.
La Tasa Global de Fecundidad —es decir, el número promedio de hijos que tendría una mujer si se mantuvieran las tasas de fecundidad observadas por edad— alcanzó en 2025 por primera vez 0,99 hijos por mujer.
Y existe un dato todavía más llamativo: las nuevas proyecciones demográficas del INE estiman para 2026 una Tasa Global de Fecundidad de aproximadamente 0,92 hijos por mujer.
Para mantener una población relativamente estable de una generación a la siguiente, sin considerar migración y manteniendo condiciones similares de mortalidad, se utiliza habitualmente como referencia una fecundidad cercana a 2,1 hijos por mujer. Chile está muy por debajo de ese nivel.
No está ocurriendo solamente en Chile
La disminución de la fecundidad forma parte de una transformación internacional que comenzó hace décadas.
En los países de la OCDE, la tasa promedio pasó de aproximadamente 3,3 hijos por mujer en 1960 a 1,5 en 2022. Al mismo tiempo, las mujeres comenzaron a tener hijos progresivamente más tarde.
En la Unión Europea la tendencia continúa: en 2024 la Tasa Global de Fecundidad fue de 1,34 hijos por mujer, también considerablemente inferior al nivel de reemplazo.
El patrón se repite en muchos países:
- Menos hijos.
- Maternidad y paternidad más tardías.
- Mayor proporción de personas sin hijos.
- Proyectos familiares cada vez más diversos.
Pero detrás de esas cifras existen múltiples causas. No podemos explicarlo diciendo simplemente que “las mujeres ya no quieren tener hijos”.
¿Por qué están naciendo menos niños?
1. La maternidad se ha ido postergando
Las trayectorias de vida han cambiado. Hoy es frecuente prolongar los años de estudio, especializarse, ingresar al mercado laboral, intentar consolidar una carrera, conseguir estabilidad económica, independizarse y luego plantearse la posibilidad de formar una familia.
En los países de la OCDE, la edad promedio al primer nacimiento pasó de 26,5 años en 2000 a 29,5 años en 2022. Chile sigue la misma dirección: la edad media de la fecundidad pasó de 27 años en 1993 a aproximadamente 30 años en 2025.
Postergar la maternidad no significa necesariamente renunciar a ella. Pero puede reducir el período reproductivo disponible y, por lo tanto, el número de hijos que finalmente una mujer o pareja alcanza a tener.
2. La maternidad dejó de ser el único eje de la vida femenina
Este cambio contiene algo profundamente positivo. Las mujeres accedieron masivamente a educación, participación laboral, independencia económica y control de su fertilidad mediante métodos anticonceptivos.
La posibilidad de decidir si tener hijos, cuándo tenerlos y cuántos tener constituye un avance en autonomía reproductiva.
La maternidad continúa siendo un proyecto significativo para muchas mujeres, pero dejó de ser un destino obligatorio o la única manera socialmente aceptada de construir identidad adulta. Hoy pueden convivir distintos proyectos de vida, y una sociedad respetuosa debe poder reconocerlos.
3. Tener hijos también se convirtió en una decisión económica
El costo de la vivienda, alimentación, salud, educación y cuidado infantil forma parte inevitable de la decisión de formar una familia.
El informe Estado de la Población Mundial 2025 de UNFPA encontró que muchas personas no esperan tener el número de hijos que realmente desean. Entre las barreras aparecen el costo de tener hijos, la inseguridad laboral, el acceso a vivienda, la incertidumbre sobre el futuro y la ausencia de una pareja adecuada.
Esto introduce una pregunta diferente. Ya no solamente “¿quiero tener un hijo?”, sino también “¿puedo tenerlo en las condiciones en las que quiero criarlo?”.
Para muchas familias modernas, además, mantener un hogar requiere los ingresos de ambos adultos. Un embarazo, el puerperio y los años iniciales de crianza pueden afectar de manera especialmente intensa la trayectoria laboral y económica de la mujer.
4. Tener hijos todavía significa más trabajo para las mujeres
Aquí Chile tiene un dato particularmente revelador. Según la II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2023, las mujeres dedican en promedio 4 horas y 57 minutos diarios al trabajo no remunerado, mientras los hombres destinan 2 horas y 52 minutos: son 2 horas y 5 minutos adicionales todos los días.
Entre los 25 y 44 años —precisamente la etapa en que muchas personas tienen hijos pequeños— esa diferencia alcanza 2 horas y 32 minutos diarios.
Por eso hablar seriamente sobre fecundidad obliga también a hablar de corresponsabilidad. No basta con preguntarnos por qué una mujer posterga la maternidad si convertirse en madre todavía puede significar asumir simultáneamente trabajo remunerado, crianza, organización doméstica y cuidados.
5. También cambiaron nuestros valores y proyectos de vida
Las generaciones actuales disponen de opciones que sus madres y abuelas muchas veces no tuvieron:
- Viajar.
- Estudiar durante más años.
- Cambiar de profesión.
- Vivir sola.
- No casarse.
- Formar diferentes tipos de familia.
- Elegir no tener hijos.
- O tenerlos mucho más tarde.
La disminución del mandato social de maternidad y paternidad forma parte de este cambio cultural. La OCDE reconoce que las generaciones más jóvenes encuentran hoy significado en distintos ámbitos de la vida y que existe una mayor aceptación social de no tener hijos. Al mismo tiempo, destaca que las dificultades económicas de los jóvenes pueden impedir o postergar proyectos de parentalidad que sí desean.
Es importante distinguir ambas cosas. No querer hijos es una decisión legítima. Querer hijos y sentir que no puedes permitirte tenerlos es un problema diferente.
¿Influyó también la pandemia?
Probablemente sí, pero debemos ser cuidadosos al interpretarlo. La disminución de la fecundidad había comenzado mucho antes de COVID-19, por lo que sería incorrecto presentar la pandemia como su causa principal.
Sin embargo, puede haber actuado como un acelerador de tendencias previas: incertidumbre económica, pérdida o inestabilidad laboral, aislamiento, temor a la enfermedad, sobrecarga de cuidados y alteración de muchos proyectos personales.
Un estudio publicado en Economics & Human Biology, usando un confinamiento prolongado en Australia como experimento natural, encontró una disminución de las intenciones de tener otro hijo entre las mujeres expuestas al confinamiento, estimada entre 2,8% y 4,3% respecto del nivel previo. El efecto fue mayor en algunos grupos socialmente más vulnerables.
Pero las respuestas no fueron iguales en todos los países: en algunos lugares hubo descensos iniciales de nacimientos y posteriormente recuperaciones parciales.
La pandemia no creó la baja fecundidad, pero pudo profundizar la incertidumbre económica, emocional y social que ya influía en las decisiones reproductivas.
Un cambio demográfico que afectará a todo Chile
Tener menos nacimientos durante muchos años modifica la estructura completa de una población. Las nuevas proyecciones del INE estiman que Chile podría alcanzar aproximadamente 20,6 millones de habitantes hacia 2035 y comenzar después una reducción gradual. Incluso se proyecta que desde 2028 las defunciones podrían superar a los nacimientos.
Esto significará progresivamente:
- Una proporción menor de niños y jóvenes.
- Una población más envejecida.
- Menos personas entrando al mercado laboral.
- Mayor demanda de servicios de salud y cuidados de larga duración.
- Presión sobre los sistemas previsionales.
- Cambios en jardines infantiles, colegios y universidades.
- Nuevas necesidades de organización territorial y urbana.
La baja fecundidad no es solamente “un tema de mujeres”. Es un fenómeno que termina transformando a toda una sociedad.
¿Hay que lograr que las mujeres tengan más hijos?
Creo que esa sería la pregunta equivocada. Una política demográfica no debería decirles a las mujeres cuántos hijos deben tener. Tampoco debería quitarles autonomía reproductiva ni convertir la maternidad en una obligación frente a las necesidades económicas de un país.
¿Qué condiciones necesita una persona que sí quiere formar una familia para poder hacerlo?
¿Qué podría ayudar?
1. Facilitar el acceso al cuidado infantil
Salas cuna y jardines infantiles accesibles, de calidad y compatibles con las jornadas laborales pueden disminuir una de las principales dificultades de la crianza. La evidencia comparada de la OCDE señala que el acceso al cuidado infantil, las licencias parentales remuneradas y las posibilidades reales de compatibilizar trabajo y familia se relacionan con mejores condiciones para concretar proyectos reproductivos.
2. Una corresponsabilidad real entre mujeres y hombres
Tener hijos no debería significar automáticamente que la madre asuma la mayor parte del cuidado. Más participación paterna, licencias parentales, flexibilidad laboral para ambos y una distribución más equilibrada del trabajo doméstico permitirían que la maternidad no implique una penalización tan grande para las mujeres.
3. Mejorar la estabilidad laboral
Es difícil proyectar una familia cuando no se sabe si existirá trabajo dentro de seis meses. La seguridad laboral y la posibilidad de anticipar los ingresos futuros forman parte del contexto en el que las personas toman decisiones reproductivas. UNFPA identifica la inseguridad laboral entre las barreras relevantes para alcanzar el número de hijos deseado.
4. Considerar el problema de la vivienda
La vivienda no puede estar separada de la política familiar. Un hogar estable, con espacio suficiente y económicamente sostenible, modifica las posibilidades de proyectar uno o más hijos. La propia OCDE recomienda que las políticas relacionadas con fecundidad consideren especialmente los costos de vivienda y crianza.
5. Proteger la trayectoria profesional de las madres
Ser madre no debería significar elegir entre un hijo y una carrera. Cuando trabajo y familia pueden combinarse y existe mayor igualdad entre mujeres y hombres, la evidencia de la OCDE muestra condiciones más favorables para la fecundidad.
6. Educar también sobre fertilidad
Postergar la maternidad es una decisión válida. Pero debe ser una decisión informada. La fertilidad femenina cambia con la edad y, cuando una mujer desea tener hijos en el futuro, disponer oportunamente de información sobre salud reproductiva puede ayudarla a tomar decisiones coherentes con su propio proyecto de vida.
Si estás pensando en buscar un embarazo, puedes conversarlo con tu matrona y obstetra.
7. Facilitar el acceso al diagnóstico y a los tratamientos de infertilidad
Existe también una realidad que no podemos olvidar: hay mujeres y parejas que sí desean tener hijos, pero enfrentan dificultades para lograr un embarazo. En estos casos, la infertilidad puede transformarse no solamente en una experiencia médica y emocional difícil, sino también en una importante barrera económica cuando los exámenes, tratamientos y procedimientos de reproducción asistida tienen costos que las familias no pueden asumir.
Por eso, una política orientada a favorecer los proyectos de familia debería considerar también un acceso más oportuno y equitativo al estudio de la fertilidad y disminuir las barreras económicas de los tratamientos de reproducción asistida cuando estén médicamente indicados.
Chile ya ha comenzado a incorporar esta discusión en las políticas públicas. En 2026, el Ministerio de Salud planteó fortalecer la información, prevención y detección precoz de la infertilidad y avanzar hacia un acceso más equitativo a estudios relacionados con la fertilidad.
Facilitar el acceso a estos tratamientos no resolverá, por sí solo, la disminución de la fecundidad del país. Pero responde a un principio fundamental: si una persona desea tener hijos y enfrenta un problema de fertilidad, debería poder acceder oportunamente a información, diagnóstico y alternativas de tratamiento, independientemente de su nivel de ingresos.
8. Educación de calidad que no represente una carga económica excesiva para las familias
Cuando una mujer o una pareja piensa en tener hijos, no proyecta solamente el embarazo, el nacimiento o los primeros años. También piensa en el futuro:
- Alimentación.
- Vivienda.
- Salud.
- Cuidado infantil.
- Educación.
Por eso, disponer de colegios con enseñanza de calidad, gratuitos o económicamente accesibles, también debería formar parte de una sociedad que entregue seguridad a quienes desean formar una familia. La educación escolar de calidad no debería transformarse en una decisión que obligue a una familia a comprometer una proporción excesiva de sus ingresos para entregar buenas oportunidades a sus hijos.
La educación primaria y secundaria se financia principalmente con recursos públicos en los países de la OCDE, aunque el nivel de participación económica de los hogares varía entre los países. En Chile, la proporción de financiamiento público de la educación primaria, secundaria y postsecundaria no superior continúa siendo inferior al promedio de la OCDE.
Por ello, una política de apoyo a las familias debería mirar todo el ciclo de la crianza: desde el embarazo y el nacimiento, pasando por salas cuna y jardines infantiles, hasta una educación escolar de calidad y económicamente accesible.
Porque favorecer la posibilidad de formar una familia no significa solamente ayudar a que nazcan niños. Significa también construir las condiciones necesarias para criarlos, educarlos y acompañarlos a lo largo de su desarrollo.
Mitos y realidades
| Mito | Realidad |
|---|---|
| “Las mujeres de hoy simplemente no quieren ser madres.” | Algunas no quieren serlo y es una decisión legítima; otras desean hijos, pero encuentran barreras económicas, laborales, de vivienda o cuidado. |
| “La incorporación de la mujer al trabajo provocó el problema.” | La autonomía femenina es un avance. El desafío está en lograr que trabajo, maternidad y paternidad puedan coexistir. |
| “Para aumentar los nacimientos basta con entregar un bono.” | La evidencia apunta a políticas sostenidas: cuidados infantiles, vivienda, conciliación, estabilidad económica y corresponsabilidad. |
| “La pandemia provocó la caída de la fecundidad.” | La tendencia comenzó décadas antes. COVID-19 pudo intensificar temporalmente factores de incertidumbre y postergación. |
| “Esto solamente afecta a quienes quieren tener hijos.” | La transformación demográfica influye en mercado laboral, pensiones, salud, cuidados y estructura económica de todo el país. |
En 2025 Chile registró por primera vez una Tasa Global de Fecundidad inferior a un hijo por mujer: 0,99. Para 2026, el escenario central de las proyecciones del INE estima aproximadamente 0,92 hijos por mujer. Por eso debemos distinguir siempre entre una cifra observada y una proyección demográfica.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la tasa de fecundidad de Chile?
La cifra provisional observada para 2025 es de 0,99 hijos por mujer. El INE proyecta aproximadamente 0,92 para 2026.
¿Cuántos hijos por mujer se necesitan para el reemplazo poblacional?
Como referencia demográfica se utiliza aproximadamente 2,1 hijos por mujer, suponiendo ausencia de migración neta y condiciones relativamente estables de mortalidad.
¿Europa también tiene baja fecundidad?
Sí. La Unión Europea registró una Tasa Global de Fecundidad de 1,34 hijos por mujer en 2024, también bajo el reemplazo generacional.
¿La pandemia de COVID-19 hizo que nacieran menos niños?
Pudo contribuir a modificar o postergar decisiones reproductivas en determinados grupos y países, pero no explica por sí sola la tendencia. La disminución de la fecundidad comenzó décadas antes.
¿Cómo podría Chile incentivar la natalidad?
Más que presionar a las personas para que tengan hijos, las políticas públicas podrían reducir las barreras que enfrentan quienes sí desean formar una familia: cuidado infantil accesible y de calidad, corresponsabilidad entre madres y padres, licencias parentales y conciliación laboral, estabilidad económica y laboral, acceso a vivienda, protección de la trayectoria profesional de las madres, educación e información oportuna sobre fertilidad, acceso más equitativo al diagnóstico y tratamiento de la infertilidad, y educación escolar de calidad y accesible.
Ninguna de estas medidas constituye por sí sola una solución. El desafío es crear un entorno social en el cual tener un hijo deseado no signifique poner en riesgo la estabilidad económica, laboral, familiar o personal de quienes deciden hacerlo.
Reflexión final de la matrona
Tal vez por eso volver a escuchar risas en las plazas no dependa solamente de una cifra. Depende también de cómo acompañamos a quienes están pensando en traer una nueva vida al mundo.
La maternidad ya no ocurre por inercia. Se piensa. Se conversa. Se posterga. Se planifica. Y eso también habla de una sociedad en la que las personas han adquirido mayor capacidad para decidir sobre su propia vida.
El desafío no debería ser retroceder. Debería ser avanzar un paso más: construir una sociedad en la que una mujer o una pareja que quiera tener hijos no tenga que abandonar sus sueños, su estabilidad económica o su bienestar para poder hacerlo. Y también una sociedad que acompañe a quienes desean tenerlos, pero encuentran en el camino dificultades de fertilidad, económicas, laborales, de vivienda, de cuidado o de educación.
¿Cómo construimos un país en el que quienes desean tener hijos puedan realmente hacerlo, criarlos y proyectar para ellos un buen futuro?
Porque detrás de cada nacimiento hay mucho más que una estadística. Hay una decisión. Un proyecto de vida. Y una familia que necesita sentirse acompañada.
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- Pregúntale a la Matrona
Si estás pensando en buscar un embarazo y tienes dudas sobre fertilidad, planificación o preparación preconcepcional, puedes enviar tu pregunta. Para orientación individual durante la búsqueda de embarazo, consulta con tu matrona y obstetra.
Pregúntale a la MatronaEl contenido de este artículo es educativo y general. No reemplaza una consulta, un diagnóstico ni un tratamiento indicado por tu matrona, obstetra, pediatra o médico.
Fuentes principales
- Instituto Nacional de Estadísticas de Chile: Estadísticas Vitales 2025 y Proyecciones de Población base Censo 2024.
- OECD: Society at a Glance 2024.
- Eurostat: estadísticas de fecundidad de la Unión Europea 2024.
- UNFPA: State of World Population 2025.
- INE: II Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2023.
- Mooi-Reci y colaboradores: impacto de los confinamientos por COVID-19 sobre las intenciones reproductivas, Economics & Human Biology.
